Te animabas por momentos a rescatarte conmigo
y al abrigo de mis senos, olvidabas tu dolor.
Olor a fresia marchita, que alimenta frialdades.
Ventanas que nunca abres, para no querer salir.
"El deseo queda huérfano si no tiene quien lo sueñe"
Lo escribiste en una nota y lo tachaste con horror.
Lo subiste a lo más alto, de la más alta montaña
y ahí lo dejaste a su suerte... prendido con alfileres.
Pero yo tengo tu boca, mordiéndome aún las tripas,
y tus manos que me ahorcan, despacito el corazón.
Y podría, si supiera, dibujarte de memoria.
Y sabría, si quisieras, llenar tu casa de luz.